La multitarea tiene buena prensa. La persona que contesta el correo en la reunión mientras revisa el documento de la semana anterior parece eficiente. Productiva. Con capacidad de gestionar varias cosas a la vez. Pero lo que parece eficiencia es en realidad su contrario: una forma de hacer varias cosas mediocres en lugar de una cosa bien.

El cerebro humano no procesa dos tareas cognitivas complejas en paralelo. Lo que llamamos multitarea es alternancia rápida entre tareas, y esa alternancia tiene un coste que se acumula.

Lo que el cerebro puede y no puede hacer

El sistema atencional humano tiene una capacidad limitada de procesamiento. Puede hacer en paralelo tareas automáticas que no requieren atención consciente —caminar y hablar, escuchar música y fregar— pero no puede dividir la atención consciente entre dos tareas que requieren pensamiento activo.

Cuando intentas escribir un informe mientras atiendes una conversación, el cerebro no hace las dos cosas. Alterna entre ellas en intervalos cortos, procesando una mientras la otra se pone en pausa. El resultado es que ninguna recibe atención completa. Los errores aumentan. La comprensión disminuye. El tiempo total para completar ambas tareas es mayor que si se hubieran hecho de forma secuencial.

Esto no es una cuestión de entrenamiento ni de capacidad individual. Es la arquitectura del sistema atencional humano.

El coste del cambio de contexto

El problema no es solo la división de atención durante la multitarea. Es el coste de cada transición entre tareas, lo que los investigadores llaman «residuo de atención» o attention residue.

Cuando cambias de tarea A a tarea B, una parte de la atención permanece enganchada a la tarea A durante varios minutos. Sigues pensando en lo que acabas de dejar mientras intentas concentrarte en lo nuevo. El cerebro necesita tiempo para limpiar ese residuo antes de poder trabajar con plena capacidad en la tarea siguiente.

Los estudios de Sophie Leroy en la Universidad de Washington estiman que ese periodo de transición puede durar entre cuatro y veinte minutos dependiendo de la complejidad de la tarea anterior. Si cambias de contexto ocho veces en una mañana de cuatro horas, puedes estar perdiendo entre media hora y dos horas en transiciones improductivas.

Aplicado a la jornada laboral: cada vez que abres el correo mientras trabajas en un proyecto, cada vez que atiendes un mensaje de Slack en mitad de una tarea, cada vez que pasas de una cosa a otra sin terminar la primera, pagas ese peaje.

Por qué la multitarea sigue pareciendo eficiente

Si la multitarea es menos eficiente, ¿por qué sigue siendo tan común y tan bien valorada?

Hay dos razones psicológicas. La primera es que la multitarea da la sensación de estar ocupado, y estar ocupado se confunde con ser productivo. Una persona que alterna entre cinco ventanas abiertas parece más activa que alguien que trabaja durante dos horas en silencio en una sola cosa.

La segunda es que las interrupciones —especialmente las notificaciones— producen pequeños picos de dopamina. El cerebro las busca activamente porque son estímulos novedosos en un entorno de atención sostenida que requiere esfuerzo. La multitarea, paradójicamente, es más placentera a corto plazo que la concentración profunda, aunque produzca peores resultados.

Cómo dejar de hacer multitarea

La solución no requiere fuerza de voluntad. Requiere diseño del entorno.

El principio básico es hacer imposible la multitarea accidental: cerrar pestañas que no pertenecen a la tarea actual, silenciar notificaciones durante bloques de trabajo, decidir antes de empezar qué tarea tiene toda la atención y durante cuánto tiempo.

La herramienta más poderosa es el bloque de tiempo con una sola tarea asignada. No “trabajar en el proyecto” sino “escribir la sección tres del informe”. Cuanto más específica es la definición de la tarea, más fácil es mantener la atención y más difícil es la deriva hacia la multitarea.

No hace falta hacerlo todo el día. Con dos bloques diarios de trabajo de una sola tarea, sin interrupciones, de noventa minutos cada uno, la producción de trabajo de calidad aumenta de forma notable. El resto del tiempo puede ser más reactivo.