La pregunta sobre cómo será la jubilación es incómoda para muchas personas, especialmente cuando son jóvenes. Parece demasiado lejana para merecer atención inmediata. Pero es exactamente porque parece lejana que es el momento ideal para actuar: el interés compuesto funciona a favor de quien empieza pronto, y en ningún otro contexto es tan poderosa la diferencia entre empezar a los 30 o a los 45.

La realidad de la pensión pública

El sistema de pensiones público en España es de reparto: los trabajadores activos pagan cotizaciones que financian las pensiones de los jubilados actuales. No es un sistema de capitalización individual donde cada trabajador ahorra para su propia pensión.

Este sistema funciona bien cuando hay muchos trabajadores por cada jubilado, pero la evolución demográfica europea (menos nacimientos, mayor esperanza de vida) reduce progresivamente esa ratio. En España, la ratio de trabajadores por pensionista ha pasado de más de 4 en los años 80 a menos de 2,5 actualmente, con proyecciones que la reducen aún más en las próximas décadas.

Las reformas para adaptar el sistema incluyen el alargamiento de la vida laboral, la vinculación de las pensiones a la esperanza de vida y la limitación de la revalorización. El resultado práctico es que la tasa de sustitución (el porcentaje del último salario que cubre la pensión pública) puede ser significativamente más baja para las generaciones actuales que para las que se jubilaron en los años 90 o 2000.

Esto no significa que el sistema vaya a desaparecer, sino que complementarlo con ahorro privado es una prudencia razonable para quienes tienen la posibilidad de hacerlo.

Qué es un plan de pensiones y cómo funciona

Un plan de pensiones es un producto de ahorro-inversión a largo plazo diseñado específicamente para la jubilación. Las aportaciones realizadas durante la vida laboral se invierten en una cartera de activos (renta variable, renta fija o mixta, según el perfil del plan) y el capital acumulado se rescata al llegar a la jubilación o en determinadas contingencias especiales (incapacidad permanente, enfermedad grave, dependencia, desempleo de larga duración o a partir de los 10 años de antigüedad de las aportaciones).

Los planes de pensiones se comercializan a través de bancos, aseguradoras y gestoras independientes. Sus costes varían enormemente: los planes de entidades bancarias pueden tener comisiones totales del 1,5% al 2,5% anual, mientras que los planes indexados disponibles a través de gestoras independientes (como MyInvestor, Finizens o Indexa Capital) pueden tener costes totales inferiores al 0,5% anual. Esta diferencia de costes, compuesta durante treinta años, es enorme.

Ventajas e inconvenientes de los planes de pensiones

La principal ventaja de los planes de pensiones en España es la deducción fiscal en las aportaciones. Las aportaciones anuales (hasta 1.500 euros para planes individuales en 2024, con límites adicionales para planes de empresa) reducen directamente la base imponible del IRPF, lo que supone un ahorro fiscal inmediato equivalente al tipo marginal de tributación.

Ejemplo: alguien en el tipo marginal del 30% que aporta 1.500 euros al plan de pensiones reduce su factura fiscal en 450 euros (el 30% de 1.500). En términos netos, su “coste real” de la aportación es de 1.050 euros.

El principal inconveniente es que el rescate del plan de pensiones tributa como rendimiento del trabajo (al tipo marginal de la base general, no al tipo reducido del ahorro). Esto significa que el diferimiento fiscal que ofrece puede convertirse en una trampa si al rescatar se tributa a tipos muy altos. La eficiencia fiscal del plan de pensiones depende de que el tipo marginal al rescatar sea inferior al tipo marginal durante la aportación.

Además, la iliquidez (el dinero está inmovilizado hasta la jubilación, salvo las contingencias especiales) es un factor relevante a considerar.

Alternativas y complementos al plan de pensiones

Los planes de pensiones no son la única ni necesariamente la mejor forma de ahorrar para la jubilación. Existen alternativas que en muchos casos tienen más flexibilidad y eficiencia.

Los fondos de inversión indexados (que sí tienen el beneficio del diferimiento fiscal por traspasos en España) son una alternativa sólida. Permiten acumular un patrimonio que al rescatarse (venderse) tributa en la base del ahorro (al 19%-28%), que suele ser inferior al tipo marginal de la base general. Son totalmente líquidos, con mayor flexibilidad de acceso en caso de necesidad.

Los PIAS (Planes Individuales de Ahorro Sistemático) son seguros de vida ahorro que permiten acumular un capital que, si se rescata en forma de renta vitalicia después de un mínimo de años, tiene ventajas fiscales en el rendimiento. Suelen tener costes más altos que los fondos de inversión.

La inversión inmobiliaria como complemento de la jubilación (tener la vivienda propia pagada, con el ahorro de alquiler que eso implica, o inmuebles adicionales que generan renta) es otra pieza habitual del puzzle de jubilación en España.

Cómo diseñar una estrategia de jubilación completa

La estrategia de jubilación más robusta combina varias patas complementarias.

La primera pata es la pensión pública: es la base del sistema y, aunque puede ser menor en el futuro, seguirá siendo un flujo de ingresos significativo para la mayoría. Cotizar correctamente y conocer cuánto se espera recibir (consultable en el portal de la Seguridad Social) es el punto de partida.

La segunda pata es el ahorro e inversión privado. Para quienes están en tipos marginales altos durante la vida laboral, el plan de pensiones tiene sentido por la deducción fiscal. Para todos los perfiles, los fondos de inversión indexados son un complemento eficiente y flexible. La combinación depende de la situación fiscal individual.

La tercera pata es la vivienda habitual: tener la hipoteca pagada al llegar a la jubilación elimina el mayor coste fijo mensual y reduce significativamente el capital necesario de la cartera de inversión.

El diseño correcto parte de estimar cuántos ingresos mensuales se necesitarán en la jubilación, restar la pensión pública estimada y calcular cuánto patrimonio privado debe generarse para cubrir la diferencia. Con esos números, y el horizonte temporal hasta la jubilación, se puede calcular cuánto hay que ahorrar e invertir cada mes para llegar al objetivo. Esta es la planificación de jubilación en su forma más simple y más honesta.